Continuamos adentrándonos en la calle, cuyos edificios tétricos se reproducían a ambos lados… Nos acercamos al siguiente bloque y en el aparcamiento estaban trabajando un par de mejicanos que nos preguntaron qué queríamos y cuando les dijimos que estábamos buscando alojamiento, uno de ellos nos metió un rollo tremendo, que en cierto sentido, fue bastante útil; porque nos explicó que NO todos los apartamentos de la calle tenía aire acondicionado (dijo que algunos se rompían con sólo mirarlos… No me preguntéis qué demonios hace el personal al que se le rompe el aire acondicionado), que probablemente no íbamos a encontrar alquiler para sólo dos meses (nos sugirió que miráramos en una casitas al final de la calle) y también nos habló sobre el monzón (del que luego os hablaré). Al final, nos lo pudimos quitar de encima para seguir con nuestro periplo por la calle…
arcaba uno justo en la otra acera (“¡¡Qué suerte por tener un supermercado a la vuelta de la esquina, si nos quedamos a vivir por aquí cerca!!” Le dije yo a Pablo…). El supermercado de marras resultó ser en realidad una de esas tétricas tiendecillas minúsculas regentadas por indios y que tienen un poco de todo (incluso tenía una nevera llena de trozos de carne congelados… No me preguntéis de qué, porque no tenían ningún tipo de etiqueta). Compramos combustible (en forma de agua, no sé cuántas botellas nos cepillamos esa mañana) y salimos de allí rápidamente.
Esto tengo que explicároslo un poco: resulta que los primeros apartamentos de los que Pablo y yo oímos hablar, cuando todavía estábamos en España, fueron estos, los del complejo del Campus Pointe. Si visitáis la página web, os sorprenderá la buena pinta que tienen; cosa que más o menos nos confirmó una chica catalana que había estado por aquí seis meses y co
n quien Pablo se había puesto en contacto. Casi hubiéramos reservado aquí un piso antes de venir, de no ser porque haciendo una búsqueda casual por Internet, me topé con una página que se llama algo así como apartment-ratings, en el que el personal básicamente se dedica a poner a caldo los sitios donde viven o han vivido… Desde España, todo era muy confuso, porque ¡¡¡las cosas que decían eran como para echarse a temblar!!! Todo lo que os imaginéis, vamos: desde robos de coches y bicicletas, pasando por fiestas salvajes de los vecinos o de los homeless de la esquina, visitas inesperadas de testigos de Jehová en mitad de la noche, pasando por plagas de escorpiones y cucarachas del tamaño de manos, líos con las bandas de latin kings, hasta asesinatos, violaciones, etc... La verdad es que no sabíamos si la peña es que estaba exagerando, o es que de verdad ocurrían todas esas cosas (y no me refiero sólo al Campus Pointe… De este casi sólo se decía que las paredes de los apartamentos eran de papel de fumar)…
(Fotos de cosecha propia: 1) Lemon Street desde el principio, 2) El badulake indio... ¡¡¡El de Apu es podría ser un hotel de cinco estrellas en comparación con esto!!!, 3) Otro bloque de apartamentos de Lemon Street, en el que estaban trabajanado los obreros mejicanos).



























