sábado, 13 de diciembre de 2008

Segundo paseo por la Strip II y final: El circo en mitad del desierto



Después de subir a la torre del Stratosphere, tocaba seguir entrando en los diferentes hoteles de la Strip, así que empezamos por el más cercano, el Sahara, mítico hotel lasvegueño de inspiración arábiga, donde cantaba Marlene Dietrich y donde se rodó el Ocean's Eleven de 1960… Y que ahora en su entrada contaba con una terrorífica atracción que ponía cabeza abajo a los que se atrevían con ella, en un looping que, al lado de los monstruos del Stratosphere parecía un juego de niños… El problema es que, dado lo efímero de la existencia de estos hoteles-casinos, en aquéllos que vivieron su esplendor en los sesenta con Frank Sinatra, la Dietrich, Liza Minelli o Jerry Lewis se respira un ambiente caduco y pasado, las máquinas tragaperras están polvorientas, el decorado de cartón piedra está ajado y los techos bajos y las lucecillas incesantes hacen que sean sitios muy claustrofóbicos... Lo que ya dije en su momento del Aladdin era totalmente aplicable al Sahara y a otro de los casinos míticos que poco después visitaríamos: el Stardust (que precisamente meses después de que nosotros volviéramos de Arizona se convertiría en lo que su propio nombre indica: un montón de polvo y no precisamente de estrellas), allí donde actuaba Elvis…

Sahara


En ninguno de ambos duramos más de cinco minutos: nos agobiaban aquellas salas de juego anticuadas llenas de tipejos raros que bien podrían asemejarse a las de cualquier bingo carabanchelero, así que después del Sahara hicimos un alto en un lugar cuando menos pintoresco (si que había algo que no fuera pintoresco en Las Vegas) que puede que os suene de Leaving Las Vegas o de algún capítulo de CSI, la World’s Largest Gift Shop, una mega tienda de souvenirs, eso sí, bastante grande por hacerle honor a su nombre, que tenía de guardia de seguridad en la puerta al jefe indio de Alguien voló sobre el nido del cuco (bien, vale, quizás el tipo no era tan imponente, pero vosotros no lo habéis visto, así que me puedo tomar la licencia poética) que se permitía obligarnos a todos los curiosos que entrábamos en la tienda a registrarnos bolsos y mochilas ¡a la entrada y a la salida! El sitio aquel parecía un gran bazar lleno de trozos de plástico imposibles, pero debíamos de tener la tarde tonta, porque nos pusimos a hacer el bobo con los sombreros de fieltro gigantes y con dados de peluche tamaño king size... Por supuesto, tengo pruebas fotográficas de esto, pero no las veréis, ¡no! Entre otras cosas, porque no creo que Pablo se quiera ver y yo tampoco quiero que me veáis, ¡que ya os he dado suficiente espectáculo!

CircusCircus


Después de hacer un rato el tontaina y salir de la tienda sin comprar nada (¿o sí compramos alguna idiotez? Sé que luego compramos souvenires de esos chillones y horteras en tiendas más cerca del hotel, pero no en aquella World’s Largest…), como seguíamos con la tontuna, decidimos que ya era hora de volver a intentarlo con las tragaperras, así que nos dirigimos a la siguiente parada de nuestro recorrido, un lugar que era una contradicción en sí mismo: el circo en mitad del desierto que anuncio en el título, pensado, sí señores, sí, para los más peques de la casa…

Sí, quizás no os lo creáis, pero ese lugar es el Circus Circus, un hotel casino temático del que ya os había comentado que tenía una carpa en cuyo interior había una enorme montaña rusa acuática… Pues sí, aunque Las Vegas probablemente sea el lugar menos indicado para organizar unas vacaciones familiares y aunque la mayoriza de los casinos ni siquiera permite la entrada de tiernos infantes, los señores empresarios no quieren dejar escapar a ni un solo segmento de los posibles turistas, por lo que este casino se especializa en familias felices, a ser posible con bebés y niños pequeños, ¿quién dijo que la ciudad del pecado fuera sólo para pecadores? ¡El negocio es el negocio! El caso es que el lugar no tenía despedicio: un penetrante olor dulzón a algodón de azúcar dominaba el ambiente y toda la decoración parecía sacada de la mente de algún payaso demente... Eso sí, las máquinas tragaperras y las mesas de ruletas se intercalaban con cándidas tiendecillas de animales de peluche y de chucherías de todos los colores… Claro que aparte de las familias (y de los cartelones que anunciaban que ningún menor podía corretear suelto entre las tragaperras sin un adulto que lo acompañara… Fíjate tú qué incongruencia), otras bastante aficionadas a este casino eran las abuelas jubiletas que se gastaban la pensión a puñados en las maquinillas… Me impresionaron unas señoronas gordísimas y negrísimas que no hacían más que echar un dólar tras otro en las máquinas de alta apuesta, situadas en el centro del casino… Los ojos fijos en la máquina, concentradísimas en lo suyo, apenas dejando escapar un gritito de emoción o alguna interjección incomprensible cuando la máquina se dignaba a devolverles un tantillo porciento de sus pérdidas para mantenerlas enganchadas...

En fin, como os decía, nosotros también nos animamos (aunque no con las de apuestas altas, ya nos era suficiente con jugarnos dos o tres dolarcillos…) y ¡fue la primera vez que ganamos! En concreto, 8,25 dólares, como atestigua Pablo en esta fotico que os pongo (¡ésta tenía que ponerla, la hice expresamente pal blog!)… Oye, ¡qué subidón da ganar, aunque sólo sean 8,25 dolarcetes! Total, que tampoco es que seamos muy ludópatas, así que en seguida fuimos a la caja pa que nos dieran los cuartos y nos introdujimos un poco más en la carpa-parque de atracciones (allí los niños sí pueden andar sin correa...), que teñía la luz de la tarde de septiembre en aquel color rojísimo digno de los chapines de Judy Garland… Lo bueno que tenía andar descubriendo Las Vegas en miércoles era que no había ni Dios, y Pablo y yo, que somos alérgicos a las aglomeraciones, pues nos vino mejor… Como todo estaba libre y no había ningún sitio en el que conseguir suelto (queríamos comprar una botella de agua y la máquina de turno sólo aceptaba monedas), vimos unas mesas de ¿hockey? (bueno, si no sabéis lo que es, la foto seguro que os lo aclara...) y nos decidimos a echar una partidilla. ¡Si ni siquiera ahora sé cómo se llama la maldita cosa, como para haber intentado ganar a Pablo! Vamos, ni una oportunidad que tuve, me metió una paliza terrible, no sé si fueron 6 a 0, o algo así (menos mal que luego yo soy mejor en Tetris, que si no...), pero nos reímos un rato, bebimos agua (aquello seguía estando en el maldito desierto, a pesar del aire acondicionado interior) y acabamos de dar una vuelta por aquel singular casino familiar.

Para cuando salimos de allí, ya debían de ser las 6 o así y estábamos reventados, después de todo el día para arriba y para abajo… Entramos, como ya os he dicho antes, en el Stardust (lo hicimos por una puerta lateral en la que un puñado de tipos con muy mala pinta estaban apostando a diferentes deportes y había otros jugando a una especie de bingo incomprensible…) y salimos casi al instante, porque ya no podíamos más con nuestro cuerpo… La verdad es que casi no sé cómo logramos bajar todo el trecho que faltaba hasta el New York, New York, donde nos desplomamos en la cama y, a pesar de los insoportables picores que me martirizaban piernas, nos quedamos profundamente dormidos un buen rato...


CúpulaCircus


[Fotos (esta vez todas son cosecha propia salvo el mapa) : 1) Mi acostumbrado trocito del mapa 3D, que podéis ver aquí completo, 2) Panorámica del Sahara, 3) Exterior de la tienda de regalos (¡no veréis nada más comprometedor!), 4) Panorámica del exterior del Circus, circus, con su cañonero en primer plano y tó, 5) Aérea del Circus, circus, pa que veáis dónde estaba la el parque de atracciones, bajo la carpa roja, 6) Un tal Peter Parker que acababa de ganar 8,25 dólares y con lo contento que estaba, parecía que había ganao el millón de dólares, 7) La mesa aquella en la que Peter Parker me dio un palizón, 8) El cartel del difunto Stardust elvisiano, 9) Interior de la carpa colorada del Circus, circus, con la luz de la tarde de la que os hablaba...]



4 comentarios:

eulez dijo...

quien es ese q sale en la foto?

bueno,yo creo que en la tienda compramos unos dados de peluche, un llavero y algo mas. Creo.

me ha gustado mucho este post, no se como puedes acordarte de todas esas cosas a estas alturas.

ah, y estoy practicando con el tetris, te vas a enterar cuano te pille.

BRUJILDA: dijo...

Yo tomo nota julia!! Tengo muchísima curiosidad por ver aquello, me hago una ligera idea pero estoy segura de que me va a sorprender todo mucho.
Espero tener la misma suerte en alguna de las maquinitas.
Un saludo y que sepas que me alegra mucho leer tus relatos.

copepodo dijo...

Madre mía, una tienda de recuerdos en Las Vegas, que para más inri es la mayor del mundo; puede ser el lugar más bizarro del universo sin ningún problema.

¿Así que ganásteis dinero con el juego? Caramba

juliacgs dijo...

¡Ya te lo he dicho! ¡El de la foto es Peter Parker (según él mismo)! ¿No tenías tú que ver algo con Spiderman? Bah, lo del tetris, ya veremos si me dejo, ¡que no quiero perder mi trono y sé que has estado practicando!

Brujilda, ¿cuándo te vas? Es es septiembre del año que viene, ¿no? Bueno, a ver si para entonces ya he acabado el blog y te doy alguna idea más para tu viaje... Por cierto, si tienes cualquier duda, lo que sepa te lo contestaré encantada.

¡Copépodo! ¡No fueron esos los únicos dolarcillos que ganamos, no! ¡Todavía tengo que contaros lo que ganamos en la ruleta!